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Aborto espontáneo, la pérdida de un sueño


Con atención médica adecuada, las consecuencias físicas del aborto espontáneo son mínimas y el organismo de la mujer se restablece en poco tiempo. Pero la pérdida de un embarazo deseado, además de ser una experiencia física, es una vivencia cuyos efectos psicológicos y emocionales pueden afectar profundamente a la pareja y a su relación.

Se define al aborto espontáneo (AE) como la pérdida del embarazo no inducido y clínicamente reconocida antes de las 20 semanas de gestación.

Para empeorar el cuadro psicológico, y a pesar de la enorme importancia de este hecho, generalmente la atención médica y el interés de las personas cercanas a la pareja se centran exclusivamente en la recuperación corporal de la mujer que abortó de manera espontánea.

La incidencia real de pérdida de embarazos es mucho mayor que la observada clínicamente, incluso alcanzando un 30 a 40% de los embarazos. Uno de cada cinco embarazos termina en un aborto espontáneo, según la norma médica. Pero a menos que alguien sea una de sus víctimas, probablemente no se estará tan consciente de los traumas emocionales y físicos que implica esa experiencia.

La mayoría de los AE son causados por problemas que ocurren cuando los cromosomas del espermatozoide se unen a los cromosomas del óvulo. A menudo el feto no se desarrolla o lo hace anormalmente. En tales casos, el aborto es una especie de selección natural; es la manera que tiene el cuerpo de terminar un embarazo que no se está desarrollando normalmente. Otras causas posibles de Ae son las infecciones o defectos en el útero, la diabetes y los desequilibrios hormonales.

Para una mujer que ha pasado por una experiencia de un aborto, es un tiempo de soledad, duda personal y un sentimiento de fracaso. Así al menos lo indican Marsha Halbrook y Joan K. Webb en un artículo de la revista New Beginnings: "los siquiatras recalcan que la pérdida de un bebé sin nacer es la pérdida de sueños y fantasías hechas".

 

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